viernes, 29 de junio de 2018
INSTITUTO DE PREVISIÓN SOCIAL
Las
perspectivas para la superación social y económica de los periodistas quedaron
en evidencia desde el momento que la Asociación Venezolana de Periodistas y el
Sindicato Nacional de Trabajadores de la Prensa, siguiendo los acuerdos de las
Convenciones, fundaron el Instituto de Previsión Social del Periodista
y designaron una Junta Promotora integrada por José Gerbasi, en calidad de
presidente; Arístides Bastidas, secretario general; Rubén Chparro Rojas,
tesorero, y los directores Francia Natera de Jaén, Guillermo Àlvares Bajares,
Oscar Pulgar, Manuel Pérez Rodríguez, Juan Martínez Pozueta, Pablo Carreño
Idrogo, Héctor J. Arismendi y Gustavo Aguirre.
El Sindicato Nacional de
Trabajares de la Prensa, entregó para
comenzar un capital de 104.000 bolívares y en breve período esa suma se elevó a
300 mil bolívares en efectivo y a más de 4.500.000 bolívares cuando se evaluaron
los bienes inmuebles pasados al patrimonio del Instituto. Por primera vez en la
historia del gremio, se echaban bases firmes y concretas para ayudar a los
colegas a sortear sus emergencias y precaverse para el porvenir.
La
acogida del IPSP fue tan notoria que el primer día de abierta las inscripciones
se elevó a 400 el número de periodistas y correctores de pruebas inscritos,
miembros de la AVP o del SNTP, condición que habían llenar los aspirantes. .
Los estatutos del IPSP fueron elaborados tomando el ejemplo de los que rigen a
organismos tan calificados como Instituto de Previsión Social del Médico y el
Instituto de Previsión de los Profesores Universitarios. Expertos calificados
intervinieron en su confección y las deficiencias jurídicas corregidas y
mejoradas en el curso de asambleas. Cada
socio, al pagar total o parcialmente su cuota, recibió una carpeta con los
diversos documentos y las cuentas respectivas así como carnet de varios
establecimientos donde podían hacer compras de víveres y mercancías secas a
precios muy por debajo de los existentes en la plaza.
Los
beneficios del IPSP se resumían en un Bono de Protección a la Vida, por la
cantidad de diez mil bolívares; distribución de un lote de sesenta y una
viviendas ofrecidas por el director del Banco Obrero, doctor Leopoldo Martínez
Olavaria; préstamos de emergencia a mediano y lejano plazo, con garantías;
credenciales para adquirir en las proveedurías de varios institutos y
directamente, en más de cuarenta fábricas, diversos útiles para el consumo
diario a precios muy bajos. Esto formaba parte del plan inicial de beneficios.
Posteriormente
se fueron formalizando otros servicios como un programa de diez becas de
estudios técnicos para hijos de los
socios; descuentos en líneas aéreas nacionales y en hoteles de la Conahotu;
protección médico asistencial. Asimismo recibieron la oferta de un conocido
industrial de unos terrenos en el litoral para construir una residencia
veraniega para los afiliados, con “suites” para familia completas, habitaciones
para familia cortas, restaurante y bar, centro de recreaciones con piscina y
transporte par movilizarse.
Pasaron
al patrimonio del IPSP la Casa Nacional del Periodista: 2.900.000 bolívares,
según evaluación; 15.800 metros en Cumbres de Curumo, 1.600.000 bolívares,
según evaluación; Casa Regional en Ciudad Bolívar, 600.000 bolívares, según
evaluación; Aportes en muebles y otros servicios, 20.571 bolívares; dinero en
los bancos, Bs. 289.125, todo lo cual con un total de 5.389.696 bolívares.
En
cuanto a la Casa del Periodista, ésta era propiedad del Banco Obrero y pasó a
manos del IPSP, que la transformó en una verdadera sede de los periodistas. Una sección importante del edificio fue
reservada para oficinas de la AVP Nacional, de la AVP Distrital y del Sindicato
Nacional de Trabajadores de la Prensa.
La Casa del Periodista de Ciudad
Bolívar, incorporada al patrimonio del IPSP, fue construida sobre un terreno
otorgado en 1962 por el Concejo Municipal del Distrito Heres en el
parcelamiento Andrés Eloy Blanco.
Posteriormente esta parcela fue ampliada a los 2 mil metros
cuadrados. La construcción de la Casa
del Periodista fue ofrecida por el Ministro de Obras Públicas, Ingeniero
Leopoldo Sucre Figarella a un grupo de periodistas que le planteó verbalmente
la necesidad en 1964. Este ofrecimiento
se cumplió en 1966 y el 27 de junio de ese año fue inaugurada. La casa, única en su estilo, fue construida por administración directa y
bendecida por el entonces administrador de la Arquidiócesis Monseñor Tomás
Márquez Gómez. Al Ministro Sucre
Figarella en esa ocasión la AVP le impuso una medalla de oro y le entregó diploma
caligrafiado donde se reconoce su espíritu de trabajo, su labor en beneficio de
los periodistas y se le designa Miembro Honorario de la Seccional.
jueves, 28 de junio de 2018
REVISTA “EL MINERO”
En
1954, año que marca el nacimiento de la revista “El Minero”, todo lo de
hoy en Guayana, estaba por hacer o comenzaba a hacerse, incluyendo a esta
revista pionera del periodismo en la zona.
La revista “El
Minero” estaba apenas en su embrión, envuelta en membrana textual, exclusivamente mimeografiada
para un determinado segmento humano de la empresa comprometida con el
desarrollo de la industria extractiva del hierro. Los directivos de la Orinoco
Mining Company comprendieron después la necesidad de hacerla bilingüe y
a medida que la presencia venezolana tomaba cuerpo en la compañía, en esa misma
medida la revista se fue transformando conforme a nuestra propia realidad
idiomática. Hoy es el reflejo o la
historia de lo que ha sido la explotación industrial del hierro en Venezuela.
Una
explotación, antecedida a fines del siglo diecinueve por las operaciones
mineras de la Compañía Manoa, de la
cual era residente George Edward Fitzgerald, ingeniero que descubre la mina de hierro de Imataca, pero
esa rudimentaria explotación del hierro no pudo explayarse ni tuvo permanencia
en el tiempo. Es a partir de 1949,
cuando la Orinoco Mining Company hecha sus bases en la confluencia del
Orinoco con el Caroní, que la explotación del mineral de hierro, adscrita a una
moderna tecnología, traza su rumbo estable y promisorio. Entonces, en 1949, todo el desarrollo urbano
de hoy, estaba por hacerse y comenzó formal y oficialmente cuando el coronel
Luis Felipe Llovera Páez, representante de la Junta Militar de Gobierno, colocó
en febrero de 1952 la primera piedra de dos ciudades abiertas que sirvieran de
plataforma urbana a la industria extractiva del hierro: Puerto Ordaz que arrancó
con la construcción del Centro Cívico a la par que Ciudad
Piar al pie de los yacimientos
de hierro del Cerro Bolívar descubiertos en 1947 por un grupo de ingenieros y
geólogos de la Oliver Iron Mining Company.
En
1954, Guayana –léase el Estado Bolívar- era un inmenso territorio de bosques y
ríos en toda su extensión de 238.000 kilómetros cuadrados, apenas habitado por
130 mil almas. La Zona del Caroní, era
fundamentalmente San Félix con una población de 5 mil habitantes, aún cuando Puerto Ordaz ya
estaba planificado y se levantaba desde 1952 sobre piedras, barrancos y
pastizales. Ciudad Bolívar, la capital,
41.000 habitantes, era la más poblada, y como tal, centro de influencia urbana
para el desarrollo del Caroní. Tanto así
que las oficinas de la Orinoco Mining Company, subsidiaria
al igual que la Oliver Iron Mining de la United States. Steel Corporation,
estaban en Ciudad Bolívar en las instalaciones que posteriormente fueron
donadas en el populoso barrio La
Sabanita, al Núcleo Bolívar de la Universidad de Oriente.
La
zona del Caroní, a 120 kilómetros de los yacimientos de hierro, no tenía
jurisdicción político – administrativa propia sino que el lado izquierdo del
Caroní pertenecía a Ciudad Bolívar (Distrito Heres) y el lado derecho (Distrito
Piar) a Upata. No será sino en 1961
cuando por reforma de la Ley de División Político – Territorial del Estado se
crea el Distrito Municipal Caroní con Capital en San Félix de Guayana.
En
1954, Venezuela estaba gobernada por el General Marcos Pérez Jiménez, producto
derivado de un golpe de estado contra el Gobierno constitucional de Rómulo
Gallegos y en el Estado Bolívar el Gobernador era el doctor Eudoro Sánchez
Lanz. Precisamente, ese año se efectuó el primer embarque del mineral de hierro
extraído del Cerro Bolívar. Ocurrió
el viernes 9 de enero a las 10:05 de la mañana cuando el Presidente de la
República, entonces coronel Marcos Pérez Jiménez, acompañado del Presidente de
la Orinoco
Mining, Francis Thomas, oprimió el botón que hizo poner en marcha la
maquinaria destinada a finalizar las operaciones de estiba del primer barco, el
“S.
S. Tosca”, de bandera sueca, que momentos después zarpaba con destino
al puerto de la Planta Fairless Works, de la U.
S. Steel, a 50 kilómetros de Filadelfia, Estado de Pensilvania. En sus bodegas el carguero llevaba 6.055
toneladas métricas de hierro que llegaron a Filadelfia a través del río
Delawere el 19 de enero de 1954, en medio de un espectacular despliegue de
fuegos artificiales y el estridente silbido de las sirenas de otros barcos
anclados en el puerto. La
United States Steel celebraba el
acontecimiento.
Ese
año de 1954, Venezuela pasó a jerarquizar la producción de mineral de hierro en
Sur América con 5,5 millones de
toneladas métricas, seguida del Brasil con 3,4; de Chile, con 2,0 y del Perú,
con 1,4 millones de toneladas.
El
mineral de hierro se transportaba desde el área del la mina, cerca de la cima
del Cerro
Bolívar a la plataforma de carga de los vagones, a un promedio de 2,5 furgones
por hora equivalente a 14 mil toneladas por día. Dos locomotoras, una con 120 vagones y 100 la
otra, cubrían una línea férrea de 91 millas desde el Cerro Bolívar al muelle
de Punta
de Lomas en Puerto Ordaz. Era lo
más visible y lo más ruidoso en 1954 aparte de las barracas obreras, mientras
empresas constructoras como la “Bechtel”, “La Camino” y “La Morrinson” echaban
las bases del urbanismo sobre los pastizales donde antes pastaba el ganado
de don Alejandro Uncein.
En
1954, más que de Puerto Ordaz, los bolivarenses preferían hablar propiamente de la “Zona del Hierro”, la
cual comenzó con barracas de madera y zinc como viviendas, un simple Comando de
Policía ocupando también una barraca al igual que la, Oficina de Correos, el
Comedor de obreros y empleados, la farmacia, el consultorio de medicina
laboral, la oficina de colocación dependiente del Ministerio del Trabajo y un
barbero.
Los
que venían de todas partes tras el nuevo Dorado, pagaban el peaje de los
sinsabores del sol, el polvo y la espera larga y paciente bajo la sombra de un
Roble que se hizo famoso como punto de recepción y referencia al igual que El
Manguito de Castillito a la entrada del barrio Los Monos.
La
“Zona
del Hierro” comenzaba a ejercer
emocionante atractivo para los desempleados de la Venezuela mejor
comunicada, pero más para los del Oriente cercano, todos mejor informados por
las noticias de los medios radioeléctricos y la prensa nacional, pues en el
Estado Bolívar apenas existían con poco alcance desde 1936 las Radio
Bolívar y la Ecos del Orinoco, más el vespertino “El Luchador” de cuatro
páginas editado en los mismos y antiguos Talleres Tipográficos de “La Empresa”
de los Hermanos Suegart, donde la OMC realizaba toda la papelería
administrativa, incluso la Revista “El Minero” bilingüe de
cuatro páginas cuando había dejado atrás la improvisación manual del
Mimeógrafo.
Ciudad
Bolívar era la gran proveedora de la “Zona del Hierro” y para cubrir las
fallas informativas de “El Luchador” con respecto al
fenómeno económico social que se estaba dando en la confluencia de los dos
grandes ríos, Manuelito Requesens, heredero de la Librería Hispana de
Ciudad Bolívar, fundó un periódico propio de la zona, “El Hierro”, que
circulaba semanalmente desde 1951, pero que se apagó con el advenimiento de “El
Minero”.
El
Bolivarense aparecería como semanario al año siguiente de la salida de “El
Minero”, es decir, el 3 de diciembre de 1955. “Semanario para convertirse en
diario” decía el cabezal derecho y el de la izquierda expresaba que se
editaba en la Editorial Talavera, calle
Igualdad 18, bajo la redacción y administración de Luis N. Barrios. En el
centro de los dos cabezales el logotipo “El Bolivarense” emergiendo de un
tintero, y abajo el lema: “Diario matutino de intereses generales,
cuarta época”.
El
nacimiento de Puerto Ordaz al calor de las perspectivas de las minas de hierro
del “Cerro
Bolívar” abría también la posibilidad para los medios impresos y más
tarde para los medios radioeléctricos que al ritmo de la transformación urbana
e industrial de la zona se fueron multiplicando. Sobreviviente de ese quehacer primario,
cuando todo comenzaba o estaba por hacerse, es la revista “El Minero”, que en junio
de 2004 celebró sus bodas de oro con la
comunidad que cincuenta años atrás inició su misma aventura de sueños y
realidades cabalgando la imaginación bajo la atmósfera lenitiva de sus páginas.
miércoles, 27 de junio de 2018
EL BOLIVARENSE DEL SIGLO XX
El
Bolivarense abrió sus páginas para inaugurar su cuarta época y convertirse con
el discurrir del tiempo en el decano de los diarios de Guayana. Fue el primero
de diciembre de 1957. Había comenzado como hebdomadario el 3 de diciembre de
1955. “Semanario para convertirse en diario” decía el cabezal derecho
y el de la izquierda expresaba que se editaba en la Editorial Talavera, calle Igualdad
18, bajo la redacción y administración de Luis N. Barrios. En el centro de los
dos cabezales el logotipo “El Bolivarense” emergiendo de un
tintero, y abajo el lema: “Diario matutino de intereses generales,
cuarta época”.
“Cuarte
época” porque el siglo anterior, específicamente entre 1880 y 1898, el
tipógrafo guaireño radicado en el Orinoco, J. M. Ortega y Rodríguez, editó un
diario con ese nombre. Luego en 1937, el médico Luis Felipe Vargas Pizarro y en
1942, el Vicario General de la Diócesis de Guayana, Monseñor Dámaso Cardozo.
Hasta
entonces, El Bolivarense, no había podido permanecer en el tiempo. Pero en la
segunda mitad del siglo veinte soplaron nuevos aires y el diario, al fin,
comenzó a vivir una realidad distinta, tan promisoriamente perenne, que ya
marca los cuatro decenios.
El
periodista Lorenzo Vargas Mendoza, ya extinto, lo recordó en una crónica el
primero de diciembre de 1958: “Un día
cualquiera, un día de tantos en que transcurre nuestra vida, sin los medios modernos, ni naturales para un
periódico, sin ayuda ni colaboración de terceros, se anuncia la aparición de un
semanario con proyecciones de diarios. El nombre estaba entre tres órganos del
pasado que habían nacido y muerto en medio del desorden de tipos, papeles y
tinta de la Editorial Talavera. Y tuve
duda entre “El Centinela de Oriente”, “El Faro de Angostura” y “El
Bolivarense”, ejemplares viejos y carcomidos que estaban frente a mí. Eran tres
periódicos de trayectoria y fuerte arraigo y opté por uno, basado en la
identificación más fuerte con la tierra y con los hombres y que en épocas
sucesivas habían salido a la lid del periodismo provinciano.
“Y
fue El Bolivarense en su Cuarta Época de lucha; nace en un medio hostil,
precario en idea del periodismo moderno y una noche en medio de la poca luz del
taller, utilizando los tipos ingleses y alemanes, ya cansado y que en otros
tiempos sirvieron para ese mismo periódico, el Negro Barrios, ayudado por otros
operarios, comenzó a levantar las primeras galeradas de El Bolivarense para
aparecer el 3 de diciembre de 1955, con ocho páginas en un tamaño mayor que el
tabloide clásico, teniendo como titular el mismo del viejo periódico de medio
siglo, en el cual aparecía un dibujo de la calidad, teniendo como anhelo y
línea de conducta el de llevarlo a la publicación diaria”.
Las ediciones de
este semanario abrían páginas editorializando sobre el tema más relevante del
día. Así, la segunda del 10 de diciembre, se refiere a la inauguración del
Banco de Fomento Regional Guayana y Parque de las Ferias Agropecuarias.
El
7 de enero de 1956 el tintero de su logotipo es sustituido por una estampa de
la ciudad y la semana siguiente cambia también su formato a tabloide clásico,
14 de enero de 1956, y continúa circulando sin parpadear hasta el Nº 95, 30 de
noviembre, que el semanario es transformado en diario.
El
domingo primero de diciembre marcando el Nº 96 sale El Bolivarense convertido
en diario de la mañana, bajo la dirección de Brigido Natera Ricci. En la
Jefatura de Redacción figura Lorenzo Vargas Mendoza y Luis N. Barrios como jefe
de Información. El tabloide de ocho páginas costaba Bs. 0,25 al pregón y la
suscripción Bs. 6 mensual.
A
partir del Nº 165 del 25 de febrero de 1958, el recuadro del directorio es
modificado y reubicado en la parte superior izquierda de la pagina 2, pero sólo
con los nombres del director Brígido Natera y el Jefe de Redacción Lorenzo
Vargas Mendoza. No aparece Luis N. Barrios, quien se ha ido a El Tigre,
requerido con mejores perspectivas en el proyectado diario Antorcha.
José
Antonio Fernández renuncia a la Dirección de Radio Bolívar el 24 de febrero y
se hace efectiva el 6 de marzo de 1958. Quiere probar suerte en el periodismo a
través de El Bolivarense a donde ingresa en calidad de Gerente.
Vargas
Mendoza se aparta de la empresa el 28 de marzo para fundar su propio periódico:
El
Globo. Queda Don Brigido Natera solo como Director y José Antonio
Fernández ejerciendo la gerencia. El 6 de julio la C. A. Editorial Talavera
convoca a sus accionistas a una asamblea extraordinaria que aumenta el capital,
modifica la Junta Directiva y reforma el acta constitutiva.
El
periódico se afilia al Servicio Internacional de la United Press
y a partir del primero de septiembre cambia su lema de “Diario matutino de intereses
generales” por el de “Diario matutino de orientación democrática”
y elimina la especificación “Cuarta etapa”.
A
fines de junio, don Brigido Natera se separa de la dirección y deja como
Director y Gerente a José Antonio Fernández. De esta manera El
Bolivarense llega el primero de diciembre de 1958 a su primer año de
vida con una edición extraordinaria.
Trabajaban
con Fernández en el equipo de redacción: Rubén Darío Pérez, encargado de la
página deportiva; Ramón Aray Lefebres, en cables; Haydée Aro Ortiz, secretaria;
Domingo Rivas, jefe de circulación Heddy Lara; linotipista; Emilio Rodríguez,
impositor; Ángel Purini, linotipista; Jesús Moreno, prensista; Humberto Torres
Lara, maestro de linotipia; Tomás Castro Gruber, contador; Pedro Silva Casañas,
en el departamento de suscripciones y Rafael Navarro, pregonero.
Durante
el primer año destacaban como columnista: Lorenzo Vargas Mendoza, Alejandro
Natera, Leopoldo Villalobos, Ernesto Sifontes, Pbro. José Van Grieken de la
Cruz; Diógenes Troncone, Francisco Arredondo, José Rafael Miranda, doña
Mercedes de Natera (EME), Américo Fernández, Ricardo Hurtado, José Manuel Rojas
(Jomar). Generalmente se publicaba una sola columna en la página dos y cuando
no un editorial.
Columna
polémica que sensibilizó a los lectores fue “Descarga Radioactivas”
que comenzó a publicarse diariamente desde el 11 de marzo de 1958. La poesía
también tenía su espacio en una Página Lírica que aparecía
semanalmente, suponemos que preparada por Doña Mercedes de Natera.
Durante
el primer año de El Bolivarense fueron numerosos los acontecimientos
internacionales, nacionales y locales registrados en sus páginas. Pasando hoja,
a vuelo de pájaro, llama la atención, cómo, iniciándose este diario, encuentra
que comienza abrirse también una brecha de libertades en los países
latinoamericanos dominados por gobiernos de fuerza.
Tres
millones de colombianos participaban en un plebiscito para ponerle fin a una
década dictatorial que había costado unas 200 mil vidas. Sin embargo, en
Venezuela se preparaba otro plebiscito con fines opuestos, pero que a la postre
se revertiría en el movimiento cívico - militar que dio al traste con la
dictadura el 23 de enero de 1958. Sin duda, el panorama noticioso denotaba un
ambiente negativo para el totalitarismo latinoamericano subrayado por lo que
acontecía en Colombia y Venezuela, mientras el Movimiento 26 de julio,
capitaneado por Fidel Castro, empujaba desde la Sierra Maestra de Cuba contra
el dictador Fulgencio Batista.
Estado
Unidos apoyaba las dictaduras como manera práctica y expedita de contrarrestar
la influencia comunista en América. La guerra fría entre las dos potencias se
desarrollaba en varios planos, entre
ellos, la carrera espacial, donde la URSS parecía llevar la delantera.
El
revés sufrido por los EEUU en el lanzamiento del cohete “Vanguard” que debía
llevar al espacio un satélite artificial, lesionó su prestigio internacional,
pero a los pocos días se desquitaría lanzando exitosamente un proyectil
balístico del tipo Atlas.
Rusia
tenía en órbita dos Sputniks girando sobre la tierra, aunque no trasmitían
ninguna información, muchos lo consideraban como un golpe de propaganda.
Pero
mientras los dos colosos mundiales se enredaban en una costosa guerra
tecnológica por la conquista del espacio, en Venezuela, el Presidente de la
República maniobraba a través de un plebiscito para perpetuarse en el Poder. Su
proclamación se dio por descontada y aparentemente el Estado Bolívar le
respondió el 15 de diciembre con una porte de 65.623 votos azules; 10.484 rojos
y 5.922 nulos. De todas maneras, para nada le sirvió, pues el 23 de enero fue
destronado.
El
Bolivarense abrió primera página así: “Guayaneses: ¡Venezuela amaneció con nuevo
gobierno! Triunfó el movimiento cívico militar de la juventud venezolana.
La edición del día siguiente saludó con un editorial el gran acontecimiento
político militar que le daba una gran oportunidad a la democracia para salir a
la calle en vez de quedarse estancada en los cines.
Ciudad
Bolívar tenía entonces siete salas de cine (América, Bolívar, Mundial, Plaza,
Royal, Iris y Río) con cinemascope y pantalla gigante que, a falta de
televisión, traía imágenes de lo que acontecía en otros mundos.
Horacio
Cabrera Sifontes fue el Gobernador que intermedió para llegar legítimamente a
la Democracia y su obsesión fue el entonces anhelado Puente sobre el Orinoco que
aspiraba construir con base en la Isla de el Degredo y que al final terminó
construyendo el Gobierno Nacional ocho kilómetros agua arribas entre punta
Chacón y Playa Blanca.
Se
acabó a partir del 23 de enero la pesadilla de la Cárcel Vieja y los 182
presos por delitos comunes que guardaban sus muros fueron traslados a la Cárcel
de Vista Hermosa, una vez que la desocuparon los presos políticos.
Ciudad
Bolívar, en el auditorio Simón Rodríguez, fue sede de la IX Convención Nacional
de la Cámara de Radio y Televisión instalada por el Ministro Oscar Machado
Zuloaga y hasta allí trascendió el efecto de la efervescencia política nacional
llevando a execrar a Armando Baralt, Director de Ecos del Zulia, por
haber declarado que la Cámara había sido un invento de la Dictadura para
controlar y manejar mejor la propaganda oficial del ideal nacional.
Estando
mandando una Junta de Gobierno presidida por el Contralmirante Wolfgan
Larrzabal Ugueto, el Vicepresidente de los EEUU, Richar Nixon, visitó
Venezuela, pero fue recibido bajo una lluvia de piedras al hacer su entrada en
Caracas. Se inculpó entonces a los comunista, pero era que después de diez años
de dictadura, virtualmente consentida por los gobiernos del Norte, el ánimo del
venezolano parecía descomponerse y más todavía cuando unos reaccionarios
pretendieron darle un zarpazo a la Democracia en ciernes. Encabezados por el
Tcnel Juan de Dios Moncada y el Mayor José Hely Mendoza, dispararon sus armas
contra el Gobierno que propiciaba la vuelta a la democracia mediante elecciones
libérrimas.
Las
elecciones, después de la campaña electoral relámpago se realizaron el 3 de
diciembre resultando Rómulo Betancourt favorecido con 1.204.571 votos, seguido
de Larrazabal, con 884.319 y Caldera, con 405.592.
El Bolivarense, en su
primer año, fue testigo vivo y activo de ese proceso de transición de la
dictadura a la democracia que es parte del principio de su historia, la historia
de un matutino que hoy por hoy es el decano de todos los diarios de Guayanamartes, 26 de junio de 2018
EL SEMANARIO JUVENTUD
“Juventud”
tuvo vida como semanario de los jóvenes bolivarenses comprometidos con la
literatura y los problemas sociales de la comunidad sin dejar de abordar los
acontecimientos históricos y las realizaciones vinculadas con el desarrollo de
Guayana.
Particularidad
curiosa de este semanario tabloide de doce páginas, lo señala el hecho de haber
aparecido en la fecha bicentenaria de Ciudad Bolívar y desaparecido en la
cuatricentenaria de Caracas, a la que dedicó importante espacio.
El
primer número salió a la calle el 22 de mayo de 1964, bajo la dirección de Luis
Carvajal, acompañado en la redacción por Abilio Quiaro. Carvajal apenas sostuvo
la dirección durante las primeras dos ediciones de cuatro páginas, dobladas a
ocho en la tercera y a doce a partir de la cuarta, ya bajo la dirección del
poeta José Quiaragua Pinto. Pero el verdadero motor de esta publicación
hebdomadaria de la juventud, era desde Caracas, Enrique Aristeguieta, entonces
pichón de periodista con sonoras veleidades izquierdistas, igual quienes lo acompañaban en la febril empresa
divulgativa. Nos referimos, además de los nombrados, a Saaf Muffi, Chislaine
Latorraca, César Maldonado, Rafael Medina, Luis Marín, José Rafael Fajardo,
Hugo Rodríguez, Ismael Maldonado, Juan Quiaro, encargado de poner a circular el
periódico y Antonio Gil, quien fungió de administrador hasta que fue
reemplazado por el propio Enrique Aristeguieta, a partir de la edición de ocho
páginas.
La
letra roja en combinación con la negra dominará casi siempre en los titulares e
ilustraciones y en el curso de sus catorce números durante cuatro años
(1964-1967) será leal a la línea de conducta trazada en su editorial de
aparición: “sin lucros ni presunciones”.
La
primera plana de la edición primera aparece engalanada con una foto tomada a
Deyanire, la hija de Nasib y Blanca Rassi. No podía ser de otra manera si ella
era la Reina del Bicentenario de Ciudad Bolívar. Reina con 60 mil votos
vertidos en elección popular, contra 30 mil de Vilma Figarella. Las fiestas
bicentenarias del traslado de la ciudad de Santo Tomás de la Guayana a la
Angostura del Orinoco, duraron ocho días y estuvieron presididas por Monseñor
Constantino Maradei Donato.
El
resto del material de la primera edición se contrae a una encuesta sobre el
bicentenario, hecha por Enrique Aristiguieta a bolivarenses residentes en
Caracas: Gioconda Rizzo de Natera, el diputado abogado José María Arapé Garmendia
y el estudiante de cuarto año de derecho, José Miguel Gómez Bello (Micky). La
última página está dedicada al barrio Mango Asao, presentado en
declaraciones de Pedro Saúl Bernal y Ana de Cedeño, como un sector olvidado de
todas las administraciones. Sorprendentemente, una hija (Jolet) de esta señora
es quien lidera hoy a la comunidad,
resistida al desalojo para ceder sus predios, al desarrollo integral del Jardín
Botánico del Orinoco.
La
página dos la llena un saludo del Concejo Municipal de Petare al pueblo
guayanés con motivo del bicentenario. Es el único anuncio pagado y con cuyo
producto se financió esta primera edición del semanario. La Municipalidad de
Petare será consecuente en este aspecto con números sucesivos al igual que
otras entidades públicas y privadas de Caracas, en proporción mayor con
relación a los anunciantes bolivarenses.
Para
1964, los bolivarenses estaban empeñados en una campaña por la eliminación de
las Colonias
Móviles de El Dorado y del Cordón Antiafotosa, al cual denominaban “Cordón del
Hambre”, pues por su causa existía una evidente escasez de carne. “Juventud”
en su segunda edición destaca estos dos problemas lo mismo que la huelga en la
Escuela de Medicina de la UDO promovida por el Centro de Estudiantes presidido
por el Br. Rafael Montes, el cual pedía la expulsión de sus compañeros José
Silverio Ramos y Rafael Pirela por haber asistido armado al acto organizado con
motivo del Bicentenario de Ciudad Bolívar.
Y
algo tan importante para el desarrollo de Ciudad Guayana como la inauguración
del Puente sobre el Caroní, por el Presidente Raúl Leoni, no podía eludirse
como tampoco los problemas sociales de Barrio Ajuro.
En
este número, el periódico comienza a hacerle honor a su lema de “Semanario
literario socio-cultural de Guayana” aceptando poemas (Amor sin
fronteras) de Jean Aristeguieta y Alí Quiaragua así como una columna de
Farándula de Rafael Medina.
Con
la edición tres llega el momento de reestructurar la iniciativa del
hebdomadario aumentando sus páginas a ocho, luego a doce, y colocando en su
dirección al poeta José Quiaragua Pinto, quien da mayor espacio a la producción
literaria. Es el centenario de Unamuno y al pensador hispano dedica una página
que completa con un comentario sobre la película “El Silencio” de Bergman, así
como otra al poeta Rainer María Rilke (Carta a un joven poeta). Hay también
mayor espacio para la publicidad y a la tradicional página de la municipalidad
de Petare se añade media de al CANTV, un anuncio del abogado Franco Puppio en
Caracas y cuatro pequeños avisos locales: Farmacia Castro, la Gran Tostada,
Abasto Romano y Distribuidora de Loterías “Alí Terán”.
La
primera página la abrió con una entrevista que Enrique Aristeguieta hace al
doctor Raúl Ramos Calles, famoso médico psiquiatra entonces gobernador de
Miranda, quien habla de Venezuela como el país que presentaba una de las tasas
de crecimiento más altas del mundo. Es el tercero pero también el último
número del año, pues aparece en
diciembre del 64 y con un editorial denominado “Primer Plano” nombre que
adoptará después Marcel Granier para un programa televisivo de opinión. En el
Editorial, “Juventud” plantea la conveniencia de ubicar en Ciudad Bolívar
la sede de la “Corporación Venezolana de Guayana”.
El
periódico de los muchachos, postulado como Semanario, no logra cumplir con tal
periodicidad debido a la falta de apoyo económico, pero queriendo compensar esta falla aumenta a
12 en 1965 el número de sus páginas, con formato mayor, y cambia el sistema de
impresión, lo cual le permite romper la rigidez de la diagramación.
Una
pintura expresionista –Homenaje al Sol cuello cortado- de Oswaldo Páez,
es posible reproducirla en la primera plana. “Sol cuello cortado” era el nombre
de una revista caraqueña dirigida por Héctor Silva, Caupolicán Ovalles y
Ludovico Silva. Oswaldo Páez, fundador en esos días del Grupo Araña, junto con
otros jóvenes artistas, entre ellos, José Francisco Cardozo y José Laurencio
Silva, quienes escribían poesía en prosa.
Ha
sido inaugurada la Biblioteca Rómulo Gallegos y una página es dedicada al
acontecimiento, incluyendo el discurso completo del poeta José Sánchez Negrón,
invitado por el gobernador Pedro Battistini Castro. Comienza dirigiendo esta
Biblioteca el licenciado Víctor Ramírez, quien fallecerá más tarde a causa del
mal de chagas.
La
Escuela de Artes Plásticas “Armando Reverón” que dirigía Omar
Granado, es cerrada por el Ejecutivo regional aduciendo ser “nido de comunistas”. “Juventud” saca una mancheta: “Pedimos la reapertura de la
Armando Reverón”.
El
deporte no es ajeno al periódico y en la cuarta edición se estrena una página
con la noticia de que el campeón Mundial Welter Júnior, Carlos Morocho
Hernández, pelearía en Ciudad Bolívar si tienen éxito las gestiones del
empresario de boxeo local, Br. Luis Felipe Pérez Flores. Sería en el Gimnasio
“Simón Chávez” de Ciudad Bolívar. Otra noticia se refiere a la
inauguración del Polideportivo “Héctor Thomás”
de El Callao y el de Upata, también con el nombre del ídolo Simón
Chávez.
En
diciembre con la edición siete retorna al formato inicial. Se ha puesto
candente el problema de la Guayana Esequiba y hay quienes plantean como Nanzo
Rafael Biaggi Tapia, hermano del Padre Biaggi, “reclamar por la fuerza lo que
por la fuerza se nos quitó”. Hace apenas unos días, el Canciller Miguel
ángel Burelli Rivas, volvía sobre el asunto declarado que “Venezuela reactivará el proceso
de reclamación”. Y como si fuera ayer “Juventud” sorteó la
opinión del Dr. Francisco Puppio León, entonces defensor de Héctor Rebolledo
implicado en el affaire de la Lotería de Guayana, en cuanto a la posición del
ministro de Justicia de entonces que planteaba y con lo cual estaba de acuerdo
Puppio, el establecimiento de la minoridad penal a los 14 años debido al
recrudecimiento de la ola delictiva en el país y el estado de inseguridad
social que se vivía y se vive. El Dr. Ramón Sambrano Ochoa estuvo en contra.
Por
los últimos números de Juventud desfilaron personajes como
Honorio Peteerson, Miguel Otero Silva, Juan Liscano. La edición 13 fue dedicada
a Azorín, el último grande del siglo XX y a Mario Bacadare “Un pintor sin horizonte en busca
del infinito”; la Ciudad de los Techos Rojos y Federico García Lorca, a
cuya celebridad ha contribuido no sólo su obra sino su trágica muerte acaecida
durante la guerra civil española.
lunes, 25 de junio de 2018
DIARIO EL EXPRESO
Retroceder en
el tiempo para recrearse en la memoria impresa del propio periódico, hace
posible esta crónica aproximada a hechos, trascendentes o no, que circundaron y
dieron vida a su propio nacimiento y que refrescan la emoción del momento a quienes aún
viven y vivieron el acontecer de ese
diario que recoge en buena parte la historia de Guayana a partir del tercer
período de la Democracia.
El
16 de agosto de 1969, en la subida de la calle Dalla Costa, en una antigua y
angosta casa de patio largo, nació El Expreso del vientre de la primera
rotativa Offset llegada a Ciudad Bolívar
para romper con el tradicional sistema de fundición en el que todavía
continuaban imprimiéndose “El Luchador”, decano del diarismo,
desaparecido en el 84 y “El Bolivarense” que para entonces
tenía apenas doce años de fundado. Era una novedad aquella impresión casi
litográfica accidentalmente inventada por Ira Rubel que ya perfeccionado recién
había llegado a Venezuela con la propia timidez del desconocido.
El
Expreso, bajo la dirección de J. M. Guzmán Gómez, periódista que había
sumado sus ahorros a los de la familia para aquella empresa novedosa como
difícil en un medio ya copado por la existencia de dos diarios que servían a
una población global de 400 mil habitantes, nació iniciándose el tercer período
constitucional de la
Democracia. Empezaba a mandar desde Miraflores el recién
electo presidente Rafael Caldera y en el Estado Bolívar el doctor Carlos
Eduardo Oxford-Arias, quien no pudo asistir a la inauguración de los talleres
de Caingro,
editora del nuevo diario, porque se hallaba en Caracas asistiendo a la XII Convención de
Gobernadores.
Por
cierto, que en la ocasión tocó al Gobernador de Bolívar clausurar aquella
convención en la que destacó que “el poder como una forma de servir y lograr
un nuevo modo de vida para los venezolanos será la meta del Gobierno”.
La
información aparece en el primer número de El Expreso que abre la primera plana
con una información aún más importante según la cual Gobierno y Oposición
estaban a punto de un acuerdo sobre la forma de elegir a los Jueces, pues hasta
entonces era el Presidente de la República a quien correspondía hacerlo y la Oposición
en el Congreso quería legislar para que fuese el Consejo de la Judicatura, como
en efecto lo fue desde el 69 sin que fuese la solución, pues la forma de elegir
a los magistrados volvió a hacer crisis
debido a intereses subalternos de los partidos que ejercían la mayoría en el
Congreso.
El
Expreso, un nombre inspirado en “El Expreso del Caroní”, semanario
que editó Fernando Reyes Maita, ex corresponsal de El Nacional en Puerto Ordaz,
arrancó con dos cuerpos de 12 páginas y el lema “Un gran diario para una gran
región”. Costaba un real el ejemplar y su editorial titulado “Presente
decimos” toma como frase principal el verso del poeta español Antonio
Machado para abrir camino. Es el mismo verso utilizado por El Nacional en su
mancheta: “Caminando no hay camino / se hace camino al andar” y que el
cantante hispano Manuel Serrat popularizó
por todo el continente.
La
eterna reflexión filosófica entre Naturaleza y Cultura podría estar contenida
en este verso de Machado que un periódico nacional y otro en provincia ha
escogido, el uno como mancheta permanente que sólo se lee el día de su
aniversario, y el otro, como frase principal del editorial que delinea su razón
de ser, el cual no es otro que el de abrir vías a “una región promisoria que tiene
mucho que buscar para alcanzar su desarrollo económico, social, cultural y
político”.
Al
lado de “Chemelo” (seudónimo del Director) estaba en la jefatura de
información el veterano y otrora periodista
estrella de “Ultimas Noticias”, Gustavo Naranjo Junior. Gabriel Vilchez,
manejaba la corresponsalía en Maturín; mientras Eliseo Sánchez, Ramón Aray,
Carlos Balda, Víctor Bayota y Anita Marchese cubrían el reporterismo de calle
en la ciudad.
Mucho
entusiasmo y comentarios por el advenimiento de un nuevo periódico, con perfil
diferente, que sobrecogía a la competencia. A la inauguración de los talleres y
bautizo del primer número asistieron el Arzobispo Crisanto Mata Cova para la
bendición; el Secretario de Gobierno Paúl Von Buren; el presidente municipal
Celestino Zamora Montes de Oca; el Prefecto Rubén Aguirre; el Jefe del Estado
Mayor, Cnel. Pedro Chalbaud Troncone en representación del Comandante de la División que se hallaba
por la zona fronteriza; el presidente de la Editorial Caingro ,
Ing. Manuel Antonio Guzmán Gómez y su madre María de Guzmán; Olga de Salom, Luis
Gómez Rull, Andrés Bello Bilancieri, presidente de la Cámara de Comercio y
director de El Bolivarense: Humberto Sánchez Medina, vicepresidente de Caingro,
Manuel Cisneros Gambús, Carlos Arteaga, Aníbal Salomón, José Aponte, Rafael
Durand Rondón, César Obdulio Iriarte, José Antonio Nicolás, Nilo González,
Reinaldo González Seguías; Luis Vicente Guzmán Méndez, Johnny Flores, Haydee
Rojas, Aracelis López, Mateo Gómez, Fernando Flores, gerente administrativo de
Caingro; César Gil Páez, Ing. Rafael Sanoja Valladares, Luis Flores, Rafael
Maestracci, Celestino Adames Pérez, Trina y Cristina Luque, en fin numerosas
personalidades sumadas al acontecimiento.
Ese
día el Orinoco lucía crecido y los trabajos de remodelación del Paseo que le
ganaban terreno al río sepultando la “Laja de la Sapoara ”. Soledad estaba
de fiesta con su Patrona y porque a Benítez Arroyo se le había ocurrido inventar
que Soledad cumplía 350 años (más vieja que Ciudad Bolívar) siendo que ella
nació al calor de la batería San Rafael instalada allí después del Fortín San
Gabriel aquí en Angostura para guardar el paso del río.
El
Expreso envió a Ramón Aray Lilia Morales y Carlos Balda a cubrir las
festividades y a hacerle un buen reportaje a Trama Primera, Reina de las
fiestas.
En
esos días recién había regresado de Mérida el médico Celestino Zamora Montes de
Oca en donde estuvo participando en el Congreso de Municipalidades que debatió
como tema principal el anteproyecto de la Ley Orgánica Municipal para sustituir
a los instrumentos legales regionales que habían convertido los Concejos en
cuerpos inoperantes asentados aún sobre las bases jurídicas de los concejos de
1812.
Eran
tiempos de revueltas. Cuba exportaba su revolución a la cual se le había
enfrentado Rómulo Betancourt suspendiendo relaciones no sólo con el Gobierno de
la Habana sino con todos los regímenes de ese signo. Hasta en Brasil la
violencia izquierdista se hacía sentir y en esos mismos días de la aparición de
El
Expreso la Emisora del Estado era tomada por gente armada a la cabeza
de Carlos Marighela para lanzar proclamas contra el régimen que hacía una
apertura hacia la democracia permitiendo elecciones municipales en varios
estados.
El
gobierno de Caldera propiciaba la pacificación y permitía el regreso de Sáez
Mérida, secretario general de MIR, quien se hallaba exiliado en Europa mientras
Moisés Moleiro era detenido y los frentes guerrilleros de Turimiquire y Mundo
Nuevo en el Norte de Monagas se dispersaban. De eso informaba el primer número
de este diario al igual que la guerra de Vietnam haciendo estragos y del
violento enfrentamiento entre Irlanda del Norte e Irlanda del Sur como el
incidente fronterizo entre China y la Unión Soviética.
En
el Medio Oriente asimismo andaba mal la cosa y U-Thant, secretario general de
las Naciones Unidas, preocupado se preparaba para intervenir en la Conferencia
de México a favor de la anhelada
proscripción de las armas nucleares.
En
Biafra la gente se moría de hambre mientras Philip Blaiberg trataba de sobrevivir su vigésimo mes con un corazón
injertado gracias al profesor Christian Barnard que con manos prodigiosas hizo
que el Hospital Gooute Sur pasara a la historia.
Más
de un corazón latía desesperado de admiración en el mundo por Barnard,
incluyendo el de Luisa Lameda que aquí se ufanaba junto con Héctor Cristofini
en los preparativos del XVIII Campeonato Nacional de Béisbol doble “A”, cuya
sede había ganado Ciudad Bolívar
mientras que la de la XXVIII Serie Mundial de Béisbol aficionado la había
obtenido Santo Domingo y justo se disponía en aquel momento a abrir los juegos
con el encuentro Colombia Puerto Rico.
Encuentro
deportivo no tan desigual como el que en esta ciudad, bajo el patronazgo del
ingeniero Rafael Delgado y Eduardo Santana, protagonizaban en el Club La Torre el campeón nacional de
ajedrez Alberto Caro en simultánea con 47 contendores. Solo tres pudieron
empatarlo. El resto recibió jaque mate como lo había recibido el Paseo La Alameda convertido en
flamante Paseo Orinoco con los tradicionales Embarcaderos fluviales y la famosa
Laja de la Sapoara
sepultada bajo el concreto armado que
hizo posible la remodelación y elevación de la cota contra las inundaciones del
río. Ángel del Valle Morales, poeta y cronista municipal, estaba más caliente
que plancha china contra Leopoldo Sucre por la desaparición de la Laja de la Sapoara , lo mismo que los
deportistas de la motonáutica que debían ir ahora hasta Soledad con los
trailers para deslizar sus lanchas por la rampa del antiguo puerto de la
chalanas y así poder practicar el Sky y las regatas por el Orinoco en pleno
crecimiento.
De
manera que era voz populi el reclamo constante por la construcción de una
rampa o embarcadero que el gobierno de Oxford-Arias nunca llegó a construir
como lo había prometido, acaso porque fue sustituido antes de tiempo por el
arquitecto Manuel Garrido Mendoza. Oxford salió de la Gobernación porque se la
pasaba en un tete a tete con el general Rafael Alfonzo Ravard, presidente de la
CVG, que según el propio gobernador se creía virrey. La bendita rampa la
vendrían a construir ya en la postrimería del segundo gobierno copeyano, el de
Luis Herrera Campin. También Von Buren amplió y mejoró el Aeropuerto que había
sido prometido por el entonces titular del MOP, ingeniero José Curiel, en
tiempos de Caldera.
El
que el Sky utilizase el puerto de Soledad como base motivó a El
Expreso para un reportaje destacando las bondades del Orinoco para el
turismo y que sin embargo era menospreciado. Esto llevó al médico sanitarista
Sergio Karovich proponer al siguiente día la fundación de un Club
de Remeros del Orinoco como existen en otras grandes ciudades con ríos
y que representan sin duda un gran atractivo de recreación turística. Pero la
idea no tuvo mucho aprecio y el Orinoco (por lo menos el Paseo), en vez de
remeros se llenó de rameras que bastante trabajo desde entonces le venían dando
al doctor Karovich.
Agosto,
como siempre, ha sido mes de vacaciones y entonces las familias venezolanas
tenían sus ojos puestos en doña Alicia de Caldera que organizaba tours vacacionales
por toda Venezuela con los niños más sobresalientes durante el año lectivo. El
Expreso en su primera salida recogió la información del día con una
gráfica titulada “Rumbo a la felicidad viajan 50 niños a la Ciudad de Cumaná”.
Ese plan vacacional de la Fundación del Niño no fue continuado en gobiernos
sucesivos por considerarlo riesgoso.
Por
ese tiempo las minas de oro de El Callao estaban en bancarrota y el ministro
Pérez La Salvia había prometido rescatarlas. Entre tanto casi toda la Guayana
por debajo del paralelo ocho era zona de libre aprovechamiento minero. Donde
menos se esperaba brotaba una bulla quedando silenciosa al poco tiempo. Esto
llevó al colega Ismael Morales Pérez a publicar en el primer número de El
Expreso la caricatura de un minero
surruqueando con la leyenda: “Es
más la bulla que la cabuya”. Pero donde sí había bulla de verdad era en
la UDO y en la Zona del Hierro.
Las
instalaciones de la UDO llevaban dos meses tomados por estudiantes que
reclamaban la autonomía universitaria que al final fue decretada por Caldera.
Sutrametal igualmente tenía
convulsionada la Zona del Hierro a causa de una huelga que terminaría
con la intervención del sindicato por parte de la CTV, un mal precedente que
años después se aplicaría al Sutiss con resultados muy adversos para la Confederación.
No
se pensaban todavía en los postgrados que ahora la UDO tiene a profusión. Sin
embargo, en Lechería el MOP había patrocinado el primer Master en Hidrología
que se dictaba no solo en Venezuela, sino en América. Diez ingenieros hicieron
el curso que desde Barcelona reportaba el colega Evaristo Marín, el
corresponsal de El Expreso.
J.
M. Guzmán Gómez siempre soñó a su obra más sobresaliente, El Expreso (antes lo fue
El Redactor), como un periódico no sólo localista, circunscrito a Guayana sino
a toda la región oriental. De allí que se haya iniciado instalando
corresponsalías tan buenas como la de Maturín con Gabriel Vilchez y la de Barcelona.
Vilchez
era un veterano periodista que en la década del 50 estuvo en Ciudad Bolívar
ejerciendo la corresponsalía de El Universal mientras Guzmán Gómez
competía en la de La
Esfera. Por eso El Expreso desde su primer número
trae abundante información de Maturín, especialmente sucesos de la llamada
página roja. En ese primer número informa del viaje a Japón y países del
Oriente del entonces Secretario General del CES de Monagas, Luis Alfaro Ucero.
El
Expreso se inició con escasa publicidad. El cabezal que acompaña al
logotipo de su nombre lo ocupaba un aviso del Hotel Dos Ríos de Puerto
Ordaz. Los demás son publicidades de Buick-69 que distribuía la Empresa
Massobrio, el Tractor Nuffield-465 de Maquinaria Mendoza, ACO
con su venta de carros usados, Carpintería el Porvenir y los
clásicos saludos de bienvenidas que dan al nuevo periódico de Guayana los Bancos
de Venezuela, Italo-Venezolano, Regional de Fomento y Radio Bolívar.
domingo, 24 de junio de 2018
LA REVISTA EDELCA
El
15 de mayo de 1976 apareció la revista Edelca, dada a conocer entonces por el
Gerente General de la Electrificación del Caroní, Rodolfo Tellería, como un
boletín sin nombre, tal vez como aquel legendario batallón del Libertador en el
campo de Araure que habría de conquistar su nombre con la sola victoria. Y valga el parangón, eso ha ocurrido con esta
publicación institucional, que no solo ha salido victoriosa en su gran prueba
de fuego ya por casi tres decenios, sino que logrado consolidarse como la
Revista Edelca y que adicionalmente tiene un nombre bien cimentado por el
esfuerzo, la constancia, la
impecabilidad y superación técnico literaria permanente, gracias en
buena parte al empeño que en sus sucesivas etapas ha puesto el periodista
Leopoldo Pérez Chaurán, quien comenzó como coordinador y luego se prestigió
como director llevándola a lograr dos distinciones relevantes: el Premio
Nacional de Periodismo en 1990 y en 1993, el Premio Municipal Lucas Manzano
que otorga anualmente la Alcaldía de Caroní.
Decía
el editorial del primer número de la revista, suscrito por Rodolfo
Tellería: “He querido aprovechar la
oportunidad que me brinda la aparición del primer número de este boletín, para
hacer llegar, en nombre de la Junta Directiva y de nuestro Presidente, el más
sincero y cordial saludo a todo el personal de Edelca: obreros, empleados,
técnicos y profesionales.
Más
oportuno no puede ser el momento del nacimiento de este boletín En Edelca nos encontramos frente a un gran
reto que marcará hitos en el futuro de nuestra patria. El proyecto de aprovechamiento del potencial
total de Gurí, traducido en esto próximos años en la construcción de la etapa
final de la presa Raúl Leoni, es el más grande desafío en la historia de la
construcción de obras en Venezuela, así como lo es el proyectar, construir y
operar los grandes sistemas de la transmisión a 300.000 voltio que nos ubica como
pioneros de estas obras en Venezuela y Latinoamérica.
La
feliz culminación de las obras emprendidas: Macagua, Guri primera etapa y los
sistemas de transmisión a 400 KV, también primeros de su tipo en Venezuela, en
los cuales los trabajadores de Edelca han respondido en forma integra, nos
llena de un gran optimismo y nos hace estar seguros de alcanzar las metas que
el país exige de nosotros.
Producimos
energía y para contribuir aún más al desarrollo del país, necesitamos producir
más y optimizar su calidad.
Ahora,
nos toca seguir dando el ejemplo. Para
ello, tendremos que modificar en parte la estructura orgánica de la empresa la
cual no tendrá otro significado sino el de una adaptación a los nuevos
requerimientos. Tenemos que trabajar y
esforzarnos más en el desempeño de nuestras obligaciones. Estrechar con mayor ahínco los lazos de
amistad y el sentido de la colaboración interna, y en definitiva, prepararnos
para que ese gran reto de Guri El Gigante.
Este
boletín que se editará ininterrumpidamente y
nace sin nombre porque se ha querido que ese nombre sea reflejo de lo que deseen los
trabajadores, deberá constituir un importante canal de comunicación a todos los niveles de la empresa. En anterior oportunidad en la humilde hoja
“La Tropa” tuve ocasión de afirmar que la comunicación era información y que
ésta., conjuntamente con la energía, materia prima con la cual trabajamos en
Edelca, constituyen fundamentos a partir de los cuales se construyen las
naciones del mundo actual. Sin temor a
equivocarnos, podemos decir que la historia de la energía así como la de la
información, son en esencia, la historia del hombre y que la comunicación es
signo de progreso y que la energía es la base del mismo.
Para
terminar, quiero hacer un llamado a todo el personal solicitándole su
colaboración desinteresadas y total ya que sino existe esa colaboración, este
esfuerzo no tendrá resultados positivos.
Este boletín será lo que la familia de trabajadores de Edelca, queremos
que sea”.
Como lo apreciamos en el editorial o nota de
presentación, la actual revista de Edelca que conocemos nació como un simple
boletín, cuyo formato, calidad y tiraje ha tenido que ser modificado. Ahora la edición es trimestral y alcanza los
seís mil ejemplares. Cuando apareció en 1976 en formato dieciséis avos,
circulaba mensualmente, pero en la medida que la revista se ha hecho más amplia
y exigente tanto con la calidad de sus colaboradores como con su contenido y
perfeccionamiento se ha hecho más costosa y, por lo tanto, imposible de mantener
su frecuencia mensual inicial o bimensual.
Ahora su periodicidad aras de su permanencia, es trimestral.
La
revista, además de su contenido técnico – científico que le es propio por
pertenecer a una empresa específica que explota la energía hidroeléctrica,
aborda con despliegue otros temas del entorno relacionados con la historia, la
cultura, la ecología y la ciencia en general.
viernes, 22 de junio de 2018
EL CORREO DEL CARONÍ
La
primera edición del Correo del Caroní,
registrada por el sexto mes de 1977, esboza a grandes rasgos, afinada
después en los años inmediatos subsiguientes, lo que será su conducta editorial
a partir del 27 de junio, fecha incluso que lo marcaba y predecía, pues era Día
del Periodista Venezolano y efemérides de su homónimo el histórico Correo
del Orinoco.
No
hubo día más ideal para la natividad de un periódico. Fue escogido a propósito
como homenaje a quien prestó su nombre para connotarlo con el del tributario
más recio y telúrico que tiene el Orinoco, y su propietario y director para el
mejor acabado de la obra le puso a la editora el nombre de Andrés Roderick, impresor
que traspuso mares y se hizo grande en estas tierras.
En
rotativa offset, la más grande y
moderna llegada a Ciudad Guayana, comenzó día a día a hilvanarse el diario standard
de David Natera Febres, que entonces constaba de dieciséis páginas distribuidas
en dos cuerpos. Posteriormente el espacio fue extendido a treinta y seis en
cuatro cuerpos, compitiendo en calidad e información con los grandes rotativos
del país.
Obviamente
que el Correo del Caroní es un periódico regional, pero la importancia
que tiene para el guayanés no es sólo por ello, por el orgullo provincial y la
calidad integral del formato, sino por la veracidad, claridad, exactitud y
equilibrio de sus informaciones y por la oportunidad dada al habitante de
aquende del Orinoco de tener acceso a la información escrita, bien sea
regional, nacional e internacional, mucho antes de comenzar a circular los
grandes rotativos nacionales.
La
calidad de la prensa de provincia y su fluida circulación incentivada también
por el bajo costo comparativo, ha restado importancia a los periódicos de
penetración nacional hasta el punto de eliminar éstos sus corresponsales. Si
quedan algunos es en lugares de estratégico interés y para cubrir ciertas
emergencias.
De
todas maneras, existen servicios de información sustentados en la avanzada
tecnología comunicacional que permiten cubrir para suscriptores o abonados las
informaciones importantes que los periódicos no tienen a su alcance por carecer
de corresponsales propios o directos. También el Correo del Caroní, sin
prescindir de corresponsales donde convenientemente cree su dirección deben
estar, esta afiliado a esos servicios tanto a nivel nacional como
internacional. Ello explica que en materia informativa pueda competir con los
grandes rotativos nacionales, dándose frecuentemente el caso de que el Correo
publique sucesos relevantes que no aparecen en los rotativos nacionales sino un
día después.
Muy
distinto hasta treinta años atrás, ahora los editores no se preocupan demasiado
para que sus diarios de la mañana salgan primero con la noticia o “el
tubazo” como decimos en nuestro argot, sino en salir lo más temprano
posible, tal vez atraídos por la máxima popular según la cual “quien
madruga Dios lo ayuda” o “toma agua clara” es decir, quien sale primero, primero vende.
Su interés estriba en vender, en circular. El apremiado lector de la sociedad
industrial cuando llega al puesto de publicaciones si no ha llegado su prensa
preferida tiende a adquirir la que tiene a la vista. Y es evidente que un
periódico se sustenta, fundamentalmente, con la pauta publicitaria, mucho más
que con el pregón, de allí el interés en
circular temprano intentando una mayor circulación, pues a la postre, es lo que
más interesa al anunciante, es decir, que su mensaje comercial llegue al mayor
número de lectores posible.
También
es junto que el periódico con mayor circulación certificada pida precio más
alto por su espacio. El Correo del Caroní debe y se empeña
casi siempre con acierto en cubrir estos aspectos, pero invitando que lo
lucrativo esté por encima de lo periodístico propiamente dicho. Si hay que
sacrificar un espacio publicitario por una buena información, el Correo
del Caroní de acuerdo a sus patrones ético está en capacidad de hacerlo.
Bien
es cierto que el periódico es una empresa cultural, lo ha sido siempre desde la
invención de la imprenta en el siglo quince, pero debe sostenerse
económicamente y generar beneficios para sus trabajadores, incluyendo a los
editores, de donde se desprende y con mayor justificación en una sociedad
industrial tan exigente, que el periódico es una empresa cultural pero
igualmente una empresa lucrativa y tomando en cuenta ambos factores se ha
convenido en un código de ética dirigido a proteger al lector que tiene de
garante al periodista, al periodista profesional, al periodista de escuela,
dotado de todas la herramientas técnicas, éticas, legales y humanísticas para
jugar debidamente su rol en la sociedad.
Pero
como suelen decir los cristianos, “en la viña del Señor hay de todo”,
hay periódicos que para asegurar una mayor circulación se salen de la regla que
impone la ética del buen periodismo. Explotan el amarillismo o el
sensacionalismo por su lado negativo, explotan el bluff así como otros manejos ingratos de la
información.
No
es el caso por cierto del Correo del Caroní, cuyo personal en
todos los niveles tiene claro el concepto del término y las desviaciones
mercantilistas de que son objeto algunos periódicos por parte de empresarios de
la comunicación social contra los cuales se estrella la práctica doctrinaria
del Colegio
Nacional de Periodistas.
Es
históricamente evidente que al sensacionalismo se le debe
prácticamente la revolución tipográfica de la prensa para llamar la atención,
así como también el surgimiento del reportaje, de la entrevista y el periodismo
de calle ágil y vivaz. Con la prensa
sensacionalista pudiéramos decir que comenzó el periodismo moderno,
destacándose como pioneros Joseph Pulitzer, William Randolfth Hearst,
Gordon Benet y Lord Northclffe, siendo de ellos Hearst el más atrevido.
Williams
Randolfth Hearst, norteamericano fallecido en 1951, editor de una cadena de
periódicos que abarcaba las principales ciudades de los Estados Unidos, llegó a
decir en el colmo de su sensacionalismo aquello de que “cuando un perro muerde a un
niña, eso no es noticia; cuando una niña muerde a un perro, eso sí es noticia”.
Una barbaridad desde el punto de la función social del periodismo, pues el
hecho de que un perro muerda a un ser humano, por más común que sea el suceso,
puede ser mortal si el animal está atacado de mal de rabia, lo que nunca se
sabe en el momento de producirse la noticia.
Para
Hearst abultar lo insólito como es el caso de que una niña muerda a un perro,
era lo noticioso, lo interesante, lo importante. Pero si bien lo insólito
despierta sensación por sí mismo, no por ello debemos promoverlo manejando la
noticia en forma tal que pudiera lesionar sicológicamente en este caso a la
niña, a los padres o a todos los niños penetrados por la noticia.
Sermour
Berkson, quien fuera director de un servicio de noticias (Internacional News
Service), lo advierte cuando afirma que “las
noticias presentadas con exactitud muchas veces resultan sensacionales en sí
mismas, pero el sensacionalismo en el manejo de éstas se halla estrictamente
prohibido y no tiene perdón”.
El sensacionalismo
tiene dos caras como lo percibimos en esta cita del doctor Emil Dovifat,
profesor publicista de la Universidad de Belín: “lo sensacional radica siempre
en el interés del público; y cuando es publicístico, o sea, sinceramente al
servicio del público, es necesario e imprescindible, pero nunca para satisfacer
cualquier curiosidad apasionada o violación grosera de la vida privada. La vida
esta llena de acontecimientos sombríos y hasta a veces trágico, que son
conocidos, y tienen que serlo, para defender de sus causas, para prevenir de
sus consecuencias y para cumplir el deber de reflejar el carácter de la época”.
De
suerte que el periodismo sensacionalista como lo afirma Dovifat tiene dos
aspectos: uno positivo, vale decir, aquél que refleja interés para el público y
que procura evitar causas y prevenir consecuencias, y el otro aspecto que
implica manejar los sucesos con fines de suscitar y promover sensaciones con
propósitos puramente lucrativos o, en otras palabras, de circular y vender más.
Este
último tipo de sensacionalismo, el puramente lucrativo, generalmente metido en
el sexo, el crimen y la vida primada, es el perjudicial y al que tradicionalmente
se le ha puesto color llamándolo “amarillismo”, tal vez por lo
ictéricamente bilioso o por la cualidad expresiva que según estudiosos, tienen
los colores, entre ellos, el amarillo asociado con la riqueza, la envidia y la
maldad.
Al
sensacionalismo en su aspecto negativo habría que añadir igualmente el bluff cuando la noticia parte de algo
inexistente y se le hace creer al público que una información falsa es
auténtica.
El
Código
de Ética del Colegio Nacional de Periodistas sitúa el aspecto pernicioso de cierto tipo de
sensacionalismo cuando advierte al comunicador en función de su misión social
que no debe “deformar, falsear, alterar, tergiversar o elaborar material
informativo impreso o audiovisual, cuya divulgación o publicación resulte
denigrante o humillante para la condición humana” y, por lo tanto,
establece como “condenable el uso de técnicas amarillistas como deformación del
periodismo que afecta el derecho del pueblo a ser correctamente informado”.
El
Código
de Ética igualmente es opuesto al anonimato y al uso incorrecto del
seudónimo. Prohíbe la elaboración de textos, ilustraciones apócrifas, arreglos
o montajes destinados a dañar la fe pública. Finalmente, considera como falta
grave el comunicar de mala fe acusaciones sin pruebas o ataques injustificados
a la dignidad, honor o prestigio de personas, instituciones o agrupaciones.
Como
viene observando el Correo del Caroní desde aquel sexto mes de 1977, la libertad de
información insertada en los términos de la libertad genérica proclamada por
todos los pueblos y reconocida por nuestra Constitución Nacional, tiene que ser
para la promoción, bienestar y seguridad del hombre, para su elevación
espiritual, moral y material y, por consiguiente, no debe invocarse este
principio para “justificar intereses mercantiles o sensacionalistas o para convalidar
tergiversaciones del mensaje informativo”.
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